Diccionario Biográfico de los ferrocarriles ibéricos
Dicionário biográfico dos caminhos-de-ferro ibéricos
Ivo Bosch Puig (1852–1915)
Ivo Bosch Puig nació el 13 de enero 1852 en la pequeña villa marinera de Areyns de Mar, en el Maresme barcelonés. Su padre era abogado y ejercía de registrador de la propiedad en la comarca. En la propia ciudad de Arenys de Mar comenzó sus primeros estudios, que abandonó pronto para trasladarse a Barcelona a los catorce años. En la capital catalana se instruyó como auxiliar de un corredor de bolsa, entrando pues en contacto con el mundo de los negocios de inversión. Antes de su marcha a París, en 1877, parece que tuvo ya sus incipientes éxitos empresariales estableciéndose por su cuenta como gestor de inversiones, al menos esto apunta la Revista Ilustrada de la Banca, Ferrocarriles, Industria y Seguros en un número de 1899. Albert Broder, sin embargo, afirma que Bosch llegó a la ciudad francesa como corresponsal del diario catalán La Publicidad. Sea como fuere, ya en 1879 se encuentra plenamente establecido como agiotista de la Bolsa de París, habiendo fijado su sede social en la Rue de la Paix, lo que era una carta de presentación excelente para el porvenir de sus negocios.
Bosch siempre cuidaría la imagen de lo que hacía, con la intención de impresionar a sus socios o clientes. También, en esa campaña publicitaria sobre su persona, estableció su residencia en un “hotelito” de los Campos Elíseos y frecuentaba la Ópera para cultivar su imagen social. Todo esto seducía mucho a sus compatriotas que, en el último cuarto del siglo XIX, veían en Ivo Bosch un personaje influyente con el que establecer negocios. Broder recuerda que este modo de actuar era muy similar al de José Salamanca una treintena de años antes, durante los inicios del negocio ferroviario en España. Sin llegar a la relevancia del banquero malagueño, que fue ministro de Hacienda, Bosch también tendría clara ascendencia sobre algunos ministros y políticos de la época, como veremos más adelante.
En esos primeros años de éxito forma parte de grupos de pequeños banqueros que se integran o colaboran con la antigua y exitosa Société de Crédit Mobilier Français, que años atrás habían fundado los hermanos Péreire. En un ascenso social y económico digno de reseñar, Bosch llegaría a ser Administrador a partir de 1887 del nuevo Crédit Mobilier en una nueva etapa de esplendor con numerosos negocios en el extranjero. Hasta su precipitada huida de Francia y su obligada atención a negocios exclusivamente españoles, Bosch había tenido bajo su gestión importantes empresas europeas y americanas financiadas con capital mayoritariamente francés, afrontando procesos de liquidación y saneamiento económico de otros establecimientos asociados a la propia Crédit Mobilier, en estos casos estarían la Societé Inmobiliere y L’Ancien Comptoir en las que Bosch actuó eficazmente.
Los quince años que van desde este momento hasta la ruina, en el arranque del siglo XX, ponen sobre la pista del carácter el banquero catalán: aventurero, por el riesgo que asumió en muchas de sus empresas, y fantasma, por su proceder envanecido y presuntuoso. Sin duda alguna, afrontó riesgos y negocios que otros, más cautelosos y medidos, habían rechazado con anterioridad, pero también es verdad que utilizó mucho la imagen, la “fachada”, para abrirse puertas y acceder de modos algunas veces tabernarios a negocios empresariales que se apoyaban en las altas esferas políticas.
Entre estos casos estaría el ferrocarril de Puerto Rico, para lo que crearía una compañía que debía construir un cinturón ferroviario que atendiera, sobre todo, a las exportaciones de café, tabaco y caña de azúcar. La concesión la obtuvo en 1888 y tres años después pudo abrir algunos kilómetros, pero pronto llegaron los problemas económicos, y finalmente la caída de la isla en manos norteamericanas dio al traste con la operación.
De modo simultáneo al inicio del proyecto del ferrocarril de Puerto Rico, Ivo Bosch, embarcaría a su empresa y a una de sus filiales, Banco General de Madrid, en un negocio ferroviario en España que llevaba prácticamente veinte años parado, a falta de un postor interesado en sacar adelante el proyecto: la línea de ferrocarril de Linares a Almería. Los elevados costes de construcción en la complicada orografía del Sureste andaluz y las pocas perspectivas de rendimientos en la explotación ferroviaria habían alejado cualquier intento de financiación. La subvención ofrecida por el Gobierno se limitaba a 60.000 ptas por km. En 1889 se hizo también con esta concesión. Las razones por este interés pudieron estar, por un lado, en la oportunidad de negocio que se presentaba en esos momentos con la exportación de mineral de hierro hacia la intensa demanda británica, o quizá, iniciar con esta línea la construcción de una red ferroviaria de más calado, para otras adquisiciones mayores: a la concesión del Linares a Almería, se sumaría la compra de los derechos de la línea de Baza a Granada, el proyecto de Linares a Puertollano y la proyectada conexión de Baza hasta La Encina. Si se hubieran cumplido todos, la red de
Bosch hubiera superado los 500 km, similar a MCP y la mitad de Andaluces. La realidad fue bien distinta, los dos últimos planes murieron con su autor, mientras que las líneas construidas y explotadas de Linares a Almería y de Moreda a Granada tendrían una vida bastante precaria bajo la gestión de la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España, siendo absorbidas por la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces en 1929, tras un arriendo previo de la explotación desde 1916 a la muerte del propio Ivo Bosch.
Su inclinación a establecer negocios con una cara oculta está presente en la creación de una empresa unipersonal, The Spanish Investment and Trust, que obtuvo en propiedad un pequeño tramo de ferrocarril entre Guadix y Baza y que posteriormente arrendó a la propia compañía Sur de España, de la que también era propietario. Curiosa forma de asegurarse beneficios, ya que este arrendamiento permitió el reparto de dividendos para Spanish Investment a costa de Sur de España, que no salió nunca de los números rojos.
Dentro de los ferrocarriles estuvo también en sus momentos de mayor poder en los consejos de administración de los Caminos de Hierro Colombianos, del Pacífico, de Venezuela y de Arlés a San Luis de Ródano. Pero el negocio ferroviario no fue sólo el objetivo de las apetencias expansionistas de Bosch, en el inventario de sociedades en las que participó, bien como representante de Crédit Mobilier, bien como inversión particular, se pueden encontrar los negocios que eran punta de modernidad en el momento. Como fundador y principal accionista fue el impulsor de la Sociedad de Teléfonos de Madrid, de la Sociedad Inmobiliaria de San Sebastián o de la Compañía de Cables Submarinos.
En todas estas operaciones, Bosch contó siempre con un grupo de fieles. En España contó con la estrecha colaboración de su hermano Bartolomé y su sobrino Pablo Bosch Barret, mientras que en París siempre estuvo en contacto con Carlos Wallut y en Londres con Román Romeu. Así, formaron parte de sus consejos de administración Diego Arias de Miranda, José Cárdenas, Fernando Cos-Gayón, Raimundo Fernández Villaverde, José Francos Rodríguez, Antonio García Alix o el general Valeriano Weyler. Todos en algún momento de su carrera política habían accedido a una cartera ministerial. El propio Bosch realizó algunos intentos de integrarse en la política, presentándose en varias ocasiones a diputado en Cortes por Almería por los liberales, sin conseguirlo.
Los problemas económicos de Bosch se iniciaron, como hemos apuntado, en el fracasado proyecto del ferrocarril de Puerto Rico, esto le causó graves conflictos con Crédit Mobilier y con los obligacionistas del negocio ferroviario. Y prosiguieron durante la construcción de la línea de Linares a Almería donde inició un duro pleito con la empresa francesa Fives Lille, que se agravaría con la demanda de los obligacionistas franceses que se sintieron estafados por el banquero catalán.
Ivo Bosch fallecería el día 7 de junio de 1915 en San Sebastián, donde también había intentado un negocio inmobiliario, hasta en eso imitó a José Salamanca. En los meses siguientes se plasmó un acuerdo entre los herederos del banquero y la compañía de Andaluces en el que ésta se hizo con la totalidad de acciones, créditos y derechos que tenía en el momento de su muerte el industrial catalán. Este acuerdo se firmó en Madrid entre los representantes de la compañía malagueña y el embajador británico, que consiguió preservar los intereses de las compañías mineras británicas que operaban en la línea de Linares a Almería, motivo de conflictos ulteriores entre estas compañías mineras y la compañía de Andaluces.
Domingo Cuéllar